LA PERSONA MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA…

Hola amigos, ¿cómo os encontráis hoy?

Me gustaría que reflexionarais contestando a una pregunta. Si os dijese ¿quién es la persona más importante de vuestra vida? Sin escuchar vuestras respuestas estoy segura de que diríais: mi hijo/a, mis hijos/as, mis padres, mi marido/esposa, mi novio/a….

¿Puedo cuestionar esas respuestas? Ninguna es correcta. La persona más importante de vuestras vidas solo puede ser una, una que os acompañará hasta que dejéis de respirar. La persona más importante de vuestra vida solo puede ser uno mismo ¿Suena egoísta? Pues es todo lo contrario.

Pensemos… ¿Quién puede dar dinero a una persona pobre? Alguien con dinero, es decir, debemos tener dinero para poder compartirlo, debemos pensar en estar bien económicamente para poder dar dinero.

¿Quién puede dar seguridad, cariño, amor, fuerza…? Podría hacer la misma pregunta cambiando el nombre pero la cuestión es, ¿quién debe tener todo eso para poder compartirlo? Eso es, uno mismo. Si no nos cuidamos, ¿a quién vamos a poder ayudar?

Es por eso que lo que parece egoísmo se convierte en altruismo. Debemos tener para poder dar. Debemos poder saber nadar para ayudar a alguien que se está ahogando. Debemos tener fuerza para ayudar al débil. En definitiva, debemos estar bien para poder cuidar de quien tenemos a nuestro lado.

Nuestros hijos, padres, parejas… todos estarán mejor si nosotros estamos bien ¿Cuántas veces cometemos el enorme error de decir o pensar: “bueno, si ellos están bien…”? ¡No! Entre otras cosas porque ellos no estarán bien si nos ven a nosotros mal. El negativismo, la depresión y la ansiedad se contagian como un virus.

Muchas veces lo he experimentado estando con mis hijos, más aún con mi hijo con autismo. Si yo estoy mal, él acaba poniéndose nervioso sí o sí.

Así que dejemos la hipocresía y la falsa bondad a un lado. Seamos felices para hacer felices a los nuestros. Todo se lleva mejor si abrimos la mente y nos permitimos concedernos el derecho a estar bien. Parece sencillo, parece tan lógico que no nos damos cuenta de lo que en realidad significa. Como algo que sabemos pero que no llegamos a asimilar. Y vuelvo a repetir, permitirnos el derecho a estar bien. No lo olvidemos.

Dentro de nosotros reside un enemigo que muy a menudo nos martiriza, que nos hace ver cosas que no son ciertas, que se inventa historias fantasiosas muchas veces desastrosas y negativas ¿Sabéis de quien hablo? Hablo de esa parte de nosotros que nos hace ver la realidad de un modo muy personal en base a creencias que alguien nos inculcó cuando éramos niños. Esa parte que nos engaña, que juzga, que niega la felicidad por miedo a perderla. Esa parte que quiere controlarlo todo y por eso nunca consigue nada. Esa parte que profetiza fracasos que acaban ocurriendo porque nosotros mismos los provocamos. Se trata de un enemigo muy poderoso, el más poderoso, el que consigue que salga todo lo malo que hay en nosotros. Se trata de nuestra mente, una mente que busca la supervivencia a costa de lo que sea y de quien sea, y que por ello lo único que consigue es el sufrimiento.

¿Ya contestaríais diferente si os hago la misma pregunta acerca de quién es la persona más importante en vuestras vidas?

Ahora vayamos más allá, ¿qué dirían nuestros niños especiales, nuestros chicos especiales, nuestros adultos especiales? ¿Qué se les pasará por la cabeza? ¿También su mente les engañará como a nosotros? Seguro que, a su manera, sí.  Es verdad que es un colectivo muy amplio y que su nivel cognitivo varía mucho. Tantas veces pensé e incluso mencioné a otras personas que me encantaría entrar en la mente de mi hijo para saber lo que piensa. Finalmente he llegado a la conclusión que para saber lo que se le pasa por la mente solo lo puedo adivinar escuchando sus gestos, su silencio, su expresión, su conducta. Observar y analizar.

Quizás eso deberíamos hacer siempre y no solo con las personas especiales. Salir de nosotros mismos, dejar de creer que sabemos cómo se sienten los demás pero analizándolo desde nosotros. Tal vez ellos, las personas especiales, no son tan diferentes de los demás. Tal vez solo tengan algunos problemas, distintos a los nuestros aunque dificultades al fin y al cabo. Sienten pena, tristeza, ansiedad… igual que cada uno de nosotros. Así pues, dejemos de complicar las cosas, somos seres humanos con sentimientos, algunos tienen más facilidad para expresarlos, otros no. Sin embargo, tantos los problemas como la forma de actuar no se diferencian tanto, solo es cuestión de ver al otro y ser capaz de ponerse en su lugar pensando como él pensaría.

El paraíso solo puede ser ese lugar en el que todos son capaces de entender y aceptar al otro al margen de cómo sea, de cómo piense o de qué dificultades tenga. Ni machismo, ni feminismo, ni superioridad ante el menos dotado o el más débil.

Resumiendo, seamos felices y repartamos felicidad, ¿se puede pedir algo mejor?

Gracias a todos por leer mis reflexiones.

Rocío Testa Álvarez