Conversando entre madres….

Hola de nuevo amigos, hoy me gustaría lanzar un mensaje al aire. Hoy me gustaría homenajear a las madres, a todas las madres en general y a las madres que, como yo, tenemos hijos con algún problema.

A la salida de los colegios, en las paradas, ahí encontramos a las horas de recogida o entrada, grupos de gente hablando distendidamente o incluso algo molestos acerca del tema central que les une, sus hijos. Hablo de madres aunque la verdad es que a veces hay padres, los menos, pero están ahí y los que no están es porque trabajan. Ni machismo ni feminismo, las personas nos unimos y formamos una familia y en ella, si dejamos de lado lo que nuestra cultura nos condiciona en estos y otros muchos temas, hacemos lo que creemos que es mejor para la estructura familiar. Somos ante todo personas.

Pues bien, no quiero tocar el tema del rol que a cada uno toca porque eso sería desviarme de lo que quiero proponer. Porque hoy me interesa analizar las conversaciones que se pueden escuchar en ese grupito de personas.

En los colegios normales, de niños normo tipo, las conversaciones giran en torno a lo que mi hijo hace y el tuyo también, las ingeniosas ocurrencias, las pequeñas travesuras y…. y los medicamentos. Es increíble lo que las madres o cuidadores habituales (para que no se me enfaden los papás) aprenden de medicina. Que si el ibuprofeno, el jarabe para la tos que les vuelve locos. Se saben un vademecum de nombres de cada uno de ellos. Comparten el modo en el que les sienta a sus hijos. A este Vademecum se les unen los remedios “de la abuela”, los remedios naturales que siempre han funcionado. Son como médicos de cabecera.

Eso nos parece normal. Muchos aprendizajes que adquirimos nos parecen normales porque no los cuestionamos pero… ¿es normal que una persona de la calle entienda la diferencia entre el componente activo de un jarabe para la tos de otro? Debe estar incluido en el contrato que toda madre y padre firman cuando deciden tener un hijo.

Ahora voy un paso más allá ¿Alguna vez se han parado a escuchar la conversación entre madres de niños con problemas? Sería del estilo de “yo le estoy dando un antipsicótico, se llama Abilify y le va muy bien”. “Pues yo sigo con el Kepra, para las crisis de epilepsia”. “Pues yo no sé qué hacer, le han recetado ya antidepresivos, antiepilépticos para la conducta, antipsicóticos… y nada parece calmarle” (y todo ello con sus correspondientes nombres). Si una madre con un hijo normal aprende algunos fármacos comunes, una madre con hijos con problemas se aprende el vademecum entero, junto con sus nombres, su principio activo y hasta cómo le va a afectar a su hijo.

Las madres no son las cuidadoras, las madres se convierten en las principales responsables de la felicidad de sus hijos. Esto también se da por sentado pero, ¿realmente debe ser así? Es verdad que las madres deben cuidar a sus hijos, darles lo que necesiten, cubrir sus necesidades. Hasta ahí sí, aunque el que ellos sean felices me temo que dependerá de muchos otros factores.

¿Por qué digo esto? Porque, madres de todo el mundo, nuestros hijos tienen su vida, tienen sus propios obstáculos que deben salvar y en muchas ocasiones no dependerá de nosotras, sino de ellos mismos, porque son individuos de “motu propio”, tienen su cuerpo y su mente. Por más que queramos protegerles ellos deberán caerse y hacerse daño. Nosotros estamos aquí para levantarles, para darles cariño y para curarles. Luego deberán continuar su camino y si de nuevo se caen, estar ahí para sacarles de su pena.

Por eso os digo, por mucho que duela, que debemos aceptar que nuestros hijos no siempre estarán bien, que pasarán por crisis, sobre todo en niños con un diagnóstico y cuanto más complicado peor. Que sí, que debes conocerle, cuidarle, llevarle a los profesionales preparados para que nos aconsejen. Que sí, que debes saberte el vademecum porque si tú no te preocupas de conseguir que estén en paz, nadie lo hará. Sí, pero hasta ahí. Tú tienes tu vida, tú tienes tus sueños y tus objetivos y si te entierras en un mar de medicinas que funcionan mal o no funcionan para tu hijo, solo encontrarás más y más desesperación.

Haz lo que puedas por tu hijo, y aún más que por tu hijo hazlo por ti. Solo si tú estás bien podrás superar las crisis de tu niño, de tu adolescente o de tu adulto que a tus ojos niños son.

Este barco de la paternidad tiene uno o dos capitanes para dirigirlo, los padres. Si alguno de ellos falla, si los dos fallan, el barco se hunde.

Y profesionales del tema, esto va por vosotros, psiquiatras, psicólogos, médicos de cabecera, neurólogos…. no olvidéis que somos personas, que nuestros hijos a veces son rebeldes porque han venido al mundo para serlo o para hacernos ver la vida de otro modo, incluso para que la sociedad aprenda de ellos. Que a veces nos equivocamos aunque siempre  queremos lo mejor para ellos porque son parte de nosotros mismos. No son números, no son “casos”, tienen nombre y apellidos. Lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos. No nos pidáis ser terapeutas, no nos pidáis ser médicos.

¡Arriba madres y padres del mundo! Lo difícil es dejar a nuestros hijos que sean ellos mismos, que rían, sean felices y que se desesperen en ocasiones y que lloren de rabia y dolor. Es su dolor  y su responsabilidad, en nada les ayudará que nos interpongamos.

Gracias a todos. Sed felices y no olvidéis que si lloráis porque el sol se ha puesto no podréis disfrutar de las estrellas.

Rocío Testa Álvarez.