¿Crees que no puedes?

Hola mi gente, vamos a seguir con nuestro camino de reflexión. Vamos, porque todos podemos todo… ¿o no?

¡Cuántas limitaciones nos imponemos! Yo no sirvo para esto, yo no sirvo para aquello…. ¿os suena? Curiosamente resulta que para lo que no servimos es para lo que no estamos acostumbrados a hacer. Puede que tengamos habilidades especiales para ciertas cosas, somos más “expertos” en esas destrezas aunque de ahí a decir que no podemos hacer esto otro va un mundo.

Por ejemplo,  mi marido  (no te enfades) dice que no sirve para planchar, curioso que muchos hombres digan lo mismo ¿no? No es que se le dé bien o mal, lo que ocurre es que le cuesta y le cuesta porque no lo hace nunca, porque pretende compararse conmigo que llevo como treinta años practicando, ¿cómo no se me va a dar bien a mí con la práctica que tengo? Esto, que en sí puede considerarse algo sin importancia, puede extrapolarse a casi cualquier tema. En verdad hay ciertos campos en los que flaqueamos, yo soy mala para las ciencias, más concretamente para las matemáticas, aunque he sido capaz de superarme y sacar una carrera en la que las ciencias son una asignatura importante. Todo es posible con empeño y esfuerzo.

¿Cuántas veces por miedo al fracaso hemos dejado de intentar algo? Es una pena que nos pongamos tantas barreras a nosotros mismos. Sería muy interesante que entre la publicidad que tenemos que soportar todos los días en la televisión o en las redes sociales se colaran frases positivas que nos recordasen también que no se trata de nuestra capacidad sino de nuestras creencias, de esa mente cerrada que en algún lugar del tiempo marcó a fuego la frase “Tú para esto no sirves”, y ya ha sido imposible borrar tal afirmación entre otras cosas porque ni siquiera somos conscientes de ello.

Por suerte ya existen numerosas páginas que transmiten frases de optimismo, de superación personal, de incrementar la autoconfianza. Tal vez deberíamos leerlas con más detenimiento, pararnos más a reflexionar acerca de lo que nos dicen. Y es que estamos tan inmersos en nuestras rutinas, en nuestro trabajo diario, en esos problemas que nos parecen tan enormes, en buscar una felicidad artificial e inventada. Tantas veces solo comenzamos la primera parte de la afirmación y ya no la terminamos de leer porque creemos que no es importante.

Importante, y ¿qué es lo más importante?, ¿cuál debe ser nuestra prioridad en nuestro transcurrir por este mundo? Ser felices ¿no?, y sin embargo estamos tan ocupados en construir la felicidad para el futuro que nos olvidamos que está a nuestro lado esperando que la veamos y tengamos tiempo para disfrutarla. La importancia de sonreír mientras circulamos camino del trabajo. Ser amables con nuestros compañeros, con la gente con la que nos cruzamos… Cuando nuestro rostro se relaja todo a nuestro alrededor cambia, todo se vuelve más positivo, parece que hasta las personas se transforman también. Os invito a experimentarlo, es realmente gratificante. Y no estoy diciendo que todo el mundo se vuelva amable o te vaya a dar lo que pidas aunque sí que tienes muchas más oportunidades y además, piénsalo, serás más feliz, vivirás mejor y más años.

Un dato curioso, cuando hablamos con nuestros hijos siempre les decimos: hijo, tú puedes hacer lo que quieras, lo que te propongas. Vemos en ellos miles de virtudes. Vemos tantas virtudes en nuestros hijos como defectos en nosotros mismos, incluso en el caso de que tengan alguna discapacidad, es como si creyésemos que realmente lo pueden todo mientras que nosotros tenemos lo único que hemos podido alcanzar dadas nuestras destrezas  ¿No es esto un buen motivo para reflexionar?

¿Dónde está la barrera que nos frena, fuera de nosotros o dentro?

Mis hijos pueden, yo también puedo. Todo lo que no he hecho en mi vida ha sido por miedo, por limitarme a mí misma, como muchos de nosotros. Es hora de cambiar nuestra percepción, es hora de cuestionar nuestras creencias, esas afirmaciones que hemos recibido durante nuestros años de crecimiento.

“Un paso no te llevará a la meta pero al menos te sacará de donde estás ahora”, una de esas frases para reflexionar la encontré en internet, una de entre otras muchas. Toda meta comienza con ese primer paso hacia adelante ¿Quién dijo “no puedo”?, mejor pregúntate ¿qué me está frenando para comenzar a luchar por lo que realmente quiero?.

Y como dice mi hija cuando no sé hacer algo: “pues tienes que aprender”. Así de sencillo, así de simple. El sabio consejo de una niña de cuatro años. Nunca es tarde para aprender, para alcanzar un objetivo. Reflexionemos acerca de qué nos detiene para explotar lo que somos y lo que podemos lograr ¿Qué podemos perder? Solo aquello que nunca hemos intentado.

Gracias por estar ahí.

Rocío Testa Álvarez.