DÉJAME DARTE UN ABRAZO…

Hola, mis amigos… Iba a titular este artículo con esta frase “llora, mi amor”. Lo he cambiado porque prefiero regalaros un abrazo, todos merecemos un abrazo de cariño, un abrazo que exprese lo que se calla. Porque a veces un abrazo arranca esas lágrimas que te empeñas en no dejar salir, esa pena que escondes tras una cara aparentemente sonriente.

Esta sociedad se nos muestra fría en ocasiones, nos vende la felicidad como algo obligatorio que es necesario buscar en multitud de ofertas materiales, desde comida hasta ropa, aparatos electrónicos, coches… Te vende que cuanto más tengas, más feliz vas a ser. Saben hacerlo tan bien que nos mantenemos dormidos y llegamos a creer que eso es verdad. Por esto buscamos trabajos cómodos, cuanto más mejor. Buscamos dinero sin pensar en si la forma de conseguirlo es la que realmente deseamos o solo un vehículo para obtener más y más cosas, buscamos esa “seguridad laboral”. Nos desesperamos si no tenemos trabajo y, cuando nos preguntan, ¿en qué quieres trabajar?, tú dices, en cualquier cosa, estoy desesperado, necesito dinero.

El sistema está ideado para pensar por ti, por lo que necesitas, para que no te cuestiones lo que ya está establecido, para que te muestren lo que es la calidad de vida, la felicidad, la paz… Y, sí, te lo crees.

El problema aparece cuando vas teniendo esa supuesta estabilidad, consigues cierto equilibrio económico, consigues esa familia que toda persona debe tener. Todo va bien… Solo que no va bien. Sabes que no estás bien, que no eres feliz, que un vacío se apodera de ti. ¿Qué ocurre? De pronto tu trabajo te agobia, las vacaciones no las disfrutas, tu familia te cansa… Todo parece ir mal y te sientes incluso culpable por sentirte mal. Se supone que tienes todo lo que se debe tener.

Déjame plantearte que tal vez no tengas nada de lo que realmente necesitas tener. No te tienes a ti, has luchado toda tu vida en contra de ti mismo, has dejado que los demás decidieran por ti sin siquiera ser consciente de ello. Has acallado lo que tu corazón sentía.

Déjame darte la enhorabuena porque si has sido capaz de darte cuenta de esto eres un privilegiado. Eres más consciente de ti mismo y puedes hacer mucho para encontrar la verdadera y única felicidad, esa que palpita dentro de ti, esa que emerge cuando dejas que tu corazón te susurre lo que necesitas.

La vida tal vez no sea fácil, pero desde luego no es tan difícil como mucha gente piensa, no es un via crucis, no tienes que cargar con ninguna cruz. La vida es un aprendizaje, así de sencillo. Cuanto más luches contra lo que temes, más se aparecerá. Cuanto más luches contra la pena, más se aparecerá ante ti… ¿cruel?, no, solo es aprender, no luchar, deja de batallar contra ti mismo y lo que eran problemas se convertirán solo en desafíos ¿Cuál es el problema? No hay ninguna dificultad que no pueda solucionarse, ninguna. Solo debes ser coherente con lo que sientes.

Mi vida no es un lecho de rosas pero todo lo que me ha sucedido ha conllevado un muy importante conocimiento que ha conseguido que sea la que ahora soy. Hubiera deseado aprender sin tantas pruebas aunque reconozco que han sido necesarias. Y, por supuesto sé que me quedan muchas más, como también sé que serán las que me enseñen a ser cada vez mejor persona o mejor alma, más acorde conmigo misma. Corazón, mente y cuerpo peleando por la armonía que, inevitablemente, acaban en felicidad. Quizás no alcance esa perfección aunque sin duda ese será mi objetivo.

Y si tienes que llorar, ¡hazlo! ¿Por qué no ibas a hacerlo? Es necesario limpiar el alma de todas las heridas, sacar todo ese pus que las infecta y acaba invadiéndote por completo. Llora tus penas, llora el duelo por una relación que no ha salido como esperabas, por esa enfermedad que ataca tu cuerpo, por esa traición que te ha pillado sin previo aviso, por esas críticas que no crees que te merezcas, por…. acaba la frase y llora. Limpia tu alma y entonces podrás continuar.

Si no luchas contra corriente todo será más sencillo. Y, de nuevo, debo referirme a nuestros niños, a esos inocentes que, sin el más mínimo reparo son capaces de hacerte ver lo que les pasa. Hablo por supuesto de mi hijo Quique, él grita cuando se siente mal, él intenta tapar un dolor con otro y por eso se autolesiona, él chilla a pleno pulmón cuando está eufórico. Él es libre. Él es autista profundo, con enormes dificultades para expresar lo que siente o quiere. Si él puede hacerlo, ¿por qué nosotros no? ¿Es que precisamente ser “normales” es lo que nos condena a sufrir y no poder expresar lo que sentimos? Como ya he dicho otras veces, yo quiero ser como mi hijo, libre para gritar lo que siento y escondo por miedo a las consecuencias….

Te regalo un gran abrazo, de esos que sacan de ti las penas, las dudas, los problemas, las lágrimas. No detendré esas lágrimas porque sé que están limpiando tu alma y sé que necesitas hacerlo. Echa fuera de ti el pasado y mira hacia adelante. El día asoma después de la noche, siempre.

Recibe ese enorme abrazo, es para ti.

Gracias por permitirme regalarte estas palabras.

Rocío Testa Álvarez.