Bienvenidos de nuevo a todos, gracias una vez más por leer los artículos que salen desde dentro de mí pretendiendo reflejar los sentimientos y los problemas que las personas con diversidad funcional poseen junto con sus familias, especialmente las relacionadas con el autismo.

En estas palabras me gustaría reflejar hoy un tema muy importante, el tema de la comunicación. ¿Qué puede ser más importante que poder expresar lo que pensamos, lo que necesitamos, lo que sufrimos y por qué? Es una cualidad que no solo las personas poseemos, incluso los animales pueden expresar sentimientos, tienen su propio lenguaje.

Es difícil creer que se pueda vivir sin relacionarte con el mundo en el que vives, sin hablar apenas, encerrado en un  “ti mismo” del que no puedes salir más que en escasos momentos. Para mí eso es autismo. Y aunque muchos de nosotros creemos que estamos también en nuestro mundo lo cierto es que tenemos la gran ventaja de que si abrimos la boca saldrán de ella palabras que hablarán de nosotros y podremos dar a conocer lo que somos y por qué hacemos una u otra cosa de una determinada manera.

Hay muchos grados de autismo aunque lo que les une es ese lazo de dificultad en los temas relacionados con las habilidades sociales y de comunicación. Los superdotados dentro de los T.E.A. son más conscientes y pueden agarrarse a diversas estrategias para poder funcionar en la sociedad.

Le siguen aquellos que tienen un lenguaje hablado bastante rico, con expresiones y frases capaces de transmitir mensajes. Tal vez sea un tanto artificial, tal vez les cueste hablar más allá de sus propios pensamientos, pensamientos que se dicen en voz alta como hablando más para ellos mismos que para quien esté cerca. Ideas en torno a lo que les pasa por la cabeza, a lo que han visto, lo que les ha sucedido o su propia opinión acerca de todo ello.

El lenguaje hablado tiene muchas utilidades siempre y cuando entiendas lo que dices, en cuanto puedas utilizar las palabras para transmitir mensajes. Parece que estoy diciendo algo tan lógico que casi parece estar demás, y sin embargo para nada es así. Hay personas con autismo que reproducen palabras, que cantan divinamente, que parece que están diciendo lo que quieren… y resulta que no. Son como grabadores de mensajes, máquinas que emiten palabras ajenas a ellos, que no tienen nada que ver con lo que son ni con lo que sienten, que les preguntas si les duele algo y te contestan con tu misma pregunta porque no entienden lo que deben contestar, ni siquiera entienden lo que es dolor. Dolor es una palabra a la que le hemos dado el significado de sufrimiento físico o psicológico.  Si no consigues asimilar el concepto ¿de qué te sirve?

Entre el grupo de personas anterior y el que viene apenas hay diferencias, tienen los mismos problemas. Se trata de aquellos que solo hablan con la mirada, apenas dos sílabas seguidas y muy pocas veces con sentido útil. De aquellos cuyo mundo gira en torno a ellos, el mundo y la sociedad son demasiado complejos, no lo entienden. Las normas, las esperas, los horarios, los deberes… se les vuelven cuesta arriba porque ellos solo quieren estar bien, física y mentalmente. No quieren sufrir aunque si lo hacen, lo llevarán al extremo. Es decir, un dolor intentarán quitarlo con otro más grande, por eso se auto lesionan. Si tú te enfadas harán suyo tu sentimiento enfadándose el doble que tú. Si tú les das cariño se dejarán querer como ninguna otra persona y te seguirán allá a donde vayas. Si les demuestras alegría contigo se contagiarán.

Además de esto, tienen una peculiaridad, y es que creen que tú sabes lo que ellos sienten, padecen o han hecho. Es muy importante este hecho dado que siempre piensan que tú puedes ayudarles solo con verles, que sabrás si les duele la cabeza o tienen hambre y se frustran cuando perciben que esto no es así, se enfadan, se auto lesionan. Para entenderles se necesita ser especial, no todo el mundo sirve para estar con ellos.

El mismo problema en diferentes grados. Por todo ello, háblame bajito, no me grites, no me juzgues, no me regañes porque no es fácil vivir dentro de uno mismo y al mismo tiempo acatar las reglas de un mundo exterior ajeno a mí que no entiendo y tantas veces no me entiende rechazándome. Háblame despacio, con pocas palabras y bajito… yo solo quiero ser feliz.

Rocío Testa Álvarez