LA FELICIDAD ERES TÚ

¿Ya has dado gracias hoy por ver amanecer un día más? ¿No? Pues realmente deberías, ello es parte de lo que llamamos Felicidad a pesar de que constantemente la estemos expulsando de nuestro interior y de nuestro lado como si tuviésemos miedo de ser siempre optimistas y tener una sonrisa en la cara.

No sé vosotros aunque yo no he visto ningún animal al que su tristeza le dure más del hecho que lo ha causado, tal vez el caso de algún perro que llora por su dueño. Tampoco se agobian por el futuro ni por si tendrán comida al día siguiente o por temor a que alguna desgracia vaya a sucederles. Ellos no sufren de estrés porque no viven en el pasado ni el futuro, están, perciben, sienten el momento presente como el único que existe.

En realidad es así. Deprimirse por el pasado no tiene ningún sentido porque por mucho que llores nada podrás cambiar, en ocasiones ni siquiera te servirá para no volver a caer porque somos tercos y creemos que nuestra verdad, aunque esté equivocada o sepamos que nos hará hundirnos, esa verdad es la que cuenta, es la que debe ser, la debemos defender a costa de todo, a veces incluso por encima de las personas que tanto queremos. Es esta la razón por la que tantas veces sufrimos defendiendo nuestra postura y demasiadas veces buscando que los demás nos den la razón: “¿acaso no es verdad? ¿acaso no tengo motivos?, no tuve otro remedio…”

El futuro es otro de los quebraderos de cabeza de todo ser humano que se precie sino, ¿qué seríamos?, ¿animales?. Esta también es una frase muy utilizada. Si mañana tenemos que hacer un viaje a un lugar desconocido o empezamos un nuevo trabajo o cambiamos de casa o…. quién sabe qué, cualquier situación que implique salir de esa tranquila zona de confort, esa zona en donde lo tienes todo controlado, donde a las siete te levantas y a las dos comes en la cafetería de la esquina al lado de la oficina, donde cada minuto sabes qué has de hacer y a donde debes dirigirte, no hay lagunas, no hay lugar para dudar. Eso es lo que nos gusta a pesar de que en ocasiones  nos agobie, nos canse… ¡qué aburrimiento de vida!

Lo que sí que está claro es que si una situación supone un cambio, nuevas experiencias que no controlamos ¿cómo no vamos a preocuparnos?, no tendríamos “sangre en las venas”.

Cuando encontramos una persona a la que no parece afectarle nada, ni lo que ocurrirá mañana cuando tenga que salir de esa segura zona de confort, entonces creemos que es rara. “Debería de preocuparse, yo no dormiría”. Y otra vez sufrimos sobre lo que nos deparará en ese viaje, en ese trabajo, en si habremos tomado la elección correcta. Miles de incógnitas que no existen porque el futuro se escribe en el presente, tal vez ni siquiera ninguna de esas cosas llegue a materializarse.

Con toda esta carga a nuestras espaldas pretendemos ser felices. Ahora resulta que aparece un nuevo elemento, se trata del sistema establecido, ése que nos alecciona para creer que lo que necesitamos para ser felices son cosas materiales. El poder, dominar a los demás. Ser los mejores en algo, estar por encima de otros, donde la envidia no parece tan mala. Cuerpos que sean el ejemplo de la perfección, y que, como casi nadie los tiene, deseen amoldar su físico para que en algún momento coincida con ese icono inventado y a veces artificial. En ocasiones nunca coincidirá, prácticamente siempre, aunque cuando te des  cuenta habrás perdido tus mejores años, tu dinero y tu estabilidad mental.

La sociedad ha creado una felicidad de mentira, inventada, pero que se amolda de manera perfecta a lo que busca, el consumismo. ¿Y qué se esconde detrás del consumismo? gente que se quiere enriquecer, tener más dinero, tanto que nunca podrán acabar de canjear en lo que les resta de vida. Eso sí, si quieren conseguir el último modelo de coche podrán adquirirlo, podrán presumir, podrán tenerlo todo… ¿todo? todo lo que se puede comprar con ficticio papel mientras son cada vez más desgraciados porque siguen sin hallar la dama amada, la felicidad. Encima tendrán miedo a que los demás se quieran aprovechar de ellos para sacarles dinero, a que  les roben. Su agonía les lleva a ser todavía más desdichados y en vez de la tan ansiada felicidad lo que se encuentran es la tan temida soledad. Eres tan pobre que solo tienes dinero.

Abramos los ojos, la felicidad no hay que buscarla, se halla en nosotros, solo debemos dejarla hablar. Esas emociones que tantas veces nos embargan, ese sentimiento tan placentero de haber conseguido superar un difícil reto, encontrar el trabajo por el que llevábamos años luchando, esa estabilidad emocional, ver los sueños de nuestros hijos cada vez más cerca…

El pasado ha de quedarse archivado en un rincón de la mente por si algún día necesitamos aprender algo que en aquel momento conseguimos aprender. El futuro no existe, es el presente esperando a que los sueños dejen de serlo para convertirse en hechos que serán tan positivos como tu mente consiga imaginar.

Cerremos la mente a la negatividad, el odio, la ira, el rencor… sentimientos negativos que solo buscan guerras y destrucción que conducen al infierno en la tierra, a la desdicha y al sufrimiento. Es la muerte en vida.

Todos nos merecemos, estamos obligados a vivir nuestra Felicidad Interna.

Ahora sí, demos las gracias por lo bueno y por lo malo.

Rocío Testa Álvarez