¿PUEDO DECIR FELIZ NAVIDAD?

¿Cuántas veces nos hemos dicho, yo, si mi hijo está bien, yo también estoy bien? ¿Cuántas veces cuando ellos tienen algún problema nosotros sufrimos aún más que ellos mismos?

En general la sociedad en la que nos movemos nos ha enseñado que nuestra felicidad no depende de nosotros, por eso no hace mucho escribí un artículo en el que afirmaba que eso no es verdad. Nadie nos va a regalar la ansiada felicidad, nadie puede darnos bienestar, somos nosotros los encargados de sentirla y hallarla dentro de nosotros mismos. Es por eso que algo que puede dar bienestar a una persona puede ser que a otra no le suponga nada o incluso le provoque rechazo. Muchas veces no somos conscientes de que solo cuando estamos abiertos a ver la buena fortuna es cuando la encontramos allá donde miremos. No es casualidad, nada es casualidad.

Darle el poder de algo tan preciado como nuestro bienestar a las cosas ajenas a nosotros es una equivocación que cometemos a menudo. Si tenemos hijos tal y como he comenzado en este artículo, más frecuente es y, si esos hijos tienen algún tipo de discapacidad o cualquier problema más todavía.

Creemos erróneamente que ellos son nuestro medidor de la felicidad. Es muy al contrario, si no nosotros no estamos bien no podremos conseguir que los nuestros puedan estarlo. Nuestra actitud, nuestros sentimientos, nuestras ondas que vuelan por el aire invaden todo cuanto está alrededor. Generalmente nuestros niños con problemas son los más sensibles. Tal vez por eso cuando algo no anda bien en ellos debamos preguntarnos   antes de buscar otras explicaciones cómo está nuestra vida, cómo nos encontramos nosotros. Si todo está correcto en nosotros y en las personas que nos rodean entonces y solo entonces sí es cuando deberíamos buscar en el exterior o en el interior de nuestro hijo.

Estamos a las puertas de la Navidad, una época controvertida, un tiempo en el que se supone que todo el mundo es bueno, la maldad deja de existir, nos juntamos toda la familia aparcando las peleas y los malestares para pasar estos días todos reunidos en amor y compañía. Es la época del año más hipócrita del ser humano. Guardamos el rencor dentro de nuestros adentros impidiendo que no salga hasta que llega la cuesta de enero. Una cuesta económica pero también emocional porque nos hemos desgastado pretendiendo sentir lo que no sentimos y ser quienes no somos. Eso es lo que la sociedad nos ordena que hagamos. Eso acabamos haciendo. Por ello es que, cuando llegan los Reyes Magos ya todo el mundo está deseando que esas vacaciones se terminen “para recuperar la normalidad”.

Es curioso porque si de verdad nos comportásemos como somos, como deberíamos, acorde con nuestros sentimientos siendo y diciendo lo que nuestro corazón nos dicta toda esta incomodidad, todo ese malestar que nos agobia no existiría. Es más, no necesitaríamos que existiese una época especial para juntar la familia o para decir que quieres a las personas que realmente amas¡Qué contrariedad!

Las personas, niños y adultos, con TEA son más sinceros que nosotros. Los niños son más sinceros que nosotros. Son los que realmente no están condicionados por el mundo social cuyo entramado quiere llevarnos hacia la creencia de que si quieres a alguien debes comprarle algo material, que debes demostrárselo no todos los días sino en unos días determinados. En su aniversario, en Navidad…. ¡Qué sería del capitalismo si nos rebelásemos contra estas normas! Cada vez esta red macroeconómica busca días y más días “especiales” para que nos creamos que debemos gastar dinero para demostrar nuestros sentimientos. Sin embargo yo pregunto ¿quién no ha llorado de emoción con alguna manualidad de esas que nos traen nuestros hijos con todo su cariño? ¿Y qué valor material tiene? Ninguno.

Disfrutemos de la Navidad siendo nosotros mismos, agradezcamos todo lo bueno que tenemos (nunca debemos dejar de agradecer),  y a quien no nos agrade no le prestemos atención o, de hacerlo, tengamos el cuidado de no caer en la hipocresía.

Si yo estoy bien, los demás se contagiarán de mi sentimiento. Si yo solo tengo dentro de mi pena, tristeza, dolor, rencor o ira de nada servirá que luzca una sonrisa porque será solo un dibujo artificial en un rostro que delatará lo que poseo en mi interior.

Lo que de verdad merecemos todos es lucir un rostro lleno de paz y felicidad.

Que disfrutéis de unos hermosos días de amor verdadero, cariño sincero y regalos caros en valores.

Os deseo una muy Feliz Navidad.

 

Rocío Testa Álvarez