“El silencio de los corderos”

Que nadie se asuste, no es mi intención hablar de psicópatas o del terrible asesino de la película que lleva este título por nombre. Más bien se trata de todo lo contrario, de hablar de los corderos. Esos animalillos que todos asociamos a los pequeños, blancos, con manchas o negros, que pastan en los campos al lado de sus madres hasta que el pastor decide que ya es hora de que su vida termine… que debe continuar el ciclo de la vida siendo alimento para los humanos. Esos animalillos que no protestan, que se dejan conducir mansos y como única protesta suene tal vez un balido de cuando en cuando y más porque les han separado de sus mamás.

¿Por qué hablo de ellos y no de cualquier otro? Precisamente por esta  pasividad, por ese conformismo que les caracteriza y que es propio de su raza. Y como siempre nos comparamos con los animales cuando definimos a las personas encontramos personas controvertidas que siempre están a la defensiva siempre a punto de saltar para atacar… como los grandes carnívoros que pueden ser los leones, leopardos y animales de ese estilo.

También encontramos los animales salvajes mal vistos dentro del reino animal, los carroñeros, tanto aves como los buitres hasta alimañas del estilo de las hienas que se alimentan de lo  que otros han cazado o matado y abandonado. Los astutos, como los zorros. Los aprovechados como los parásitos que se acoplan a otro organismo para aprovecharse de él. Los cobardes que atacan por la espalda tal como a veces hacen los lobos…

Cada defecto o virtud tiene su reflejo en el reino animal a pesar de que nos olvidamos de un importantísimo detalle, y es que ellos son como son siguiendo las reglas de la naturaleza en donde unos deben ser alimento y otros deben matar para vivir. Si no cumples las reglas desapareces del mundo tal como le ha sucedido a muchas especies tanto animales como vegetales.

Los corderos son herbívoros como sus progenitores. En la naturaleza salvaje deberían crecer para convertirse en hermosos ejemplares que servirían de alimento a los animales carnívoros. En el mundo artificial de esta sociedad son sacrificados para alimentar al rey de la creación, el ser humano. Así pues, se dejarán conducir mansamente hacia el destino final de sus cortas vidas con algún que otro pequeño “beee”, eso es todo.

Todo esto viene a que entre los humanos existen todo tipo de animales según sus características con la salvedad de que no necesitarán ejercer su crueldad o enseñar sus dotes para matar porque somos “civilizados” y matamos de manera que se produzca el menor sufrimiento para los animales, al menos en teoría.

Sin embargo, casi siempre las personas que son crueles parecen tener la necesidad de demostrar lo fuertes que son, por ello se dedican a lo que sus instintos les incitan… matar, si no hay guerras lo harán de manera virtual, psicológica, haciendo daño. Eso siendo “normal” claro, siempre puedes acabar siendo asesino.

Los que son ovejitas y corderitos serán los dominados que temen alzar la voz para protestar por las injusticias que se están cometiendo  para con ellos. Ahí incluyo a los que son como mi hijo, sumisos, obedientes, incapaces de negarse cuando les exiges que hagan alguna cosa o vayan a algún lugar aunque no quieran y vayan protestando en algunos casos o cabizbajos otras, con esa mirada triste en sus rostros mientras miran hacia quienes consienten que se les haga esa jugarreta.

Las personas que son como mi hijo, tengan la edad que tengan, no solo se dejan manejar sino que aceptarán que les acusen aunque no hayan hecho nada malo, harán suyas las reprimendas y se sentirán abatidos un tiempo que dependerá de lo que les haya afectado anímicamente la acusación. Si les pegas callarán, si les castigas aceptarán la pena, si los tratas mal creerán que las cosas son así y lo asumirán…

Es triste esto que digo por eso muchas veces los padres de estas personas tan indefensas muchas veces estamos siempre vigilando para protegerles, para impedir que sean ajusticiados psicológicamente por aquellos malvados que necesitan dañar a los demás porque así les han enseñado, porque pueden y porque seguro que en otro tiempo fueron ellos los corderos.

Sí, hablo de los abusos y también del famoso término “bulling”, del abuso a niños, del acoso que es  cruel y reprobable trate de quien se trate. De ese castigo que se aplica contra los más débiles y contra aquellos que prefieren ser víctimas a ser verdugos, ese castigo sin justificación posible cuya cadena seguro que ha empezado desde los tiempos de Caín y Abel, metafóricamente hablando por supuesto. Hablo de la violencia gratuita, de niños contra niños, de hombres contra mujeres, de mujeres contra hombres, entre razas…

¿Será verdad que el ser humano necesita destruir a sus congéneres?, ¿será verdad que hay personas que necesitan destruir las vidas de otros?, ¿por qué?, ¿por qué con nuestra inteligencia nos dedicamos a diseñar armas, a idear estrategias y planes para destruir, a cerrar los ojos ante el dolor ajeno?

Sin embargo, yo no puedo juzgar, tampoco cambiar el mundo. Prefiero quedarme con la gente que ayuda a otra gente sin pedir nada a cambio. Prefiero creer en la bondad. Creo en la educación para evitar el abuso y fomentar el altruismo, así como el desarrollo de la persona racional mientras se relega el egoísmo y los instintos primarios. ¡Somos inteligentes, somos seres humanos!, ¡demostrémoslo!.

Rocío Testa Álvarez