¿SOMOS CAPACES?

Esta primera semana de diciembre celebramos la semana de la discapacidad. Tal vez deberíamos plantearnos cuáles son los límites para considerar a una persona incapaz o discapacitado. Una persona con un C.I. por debajo de 70 se considera deficiente mental. Deficiente mental para qué, para realizar ciertos razonamientos o aprender diferentes materias. Yo no me considero una persona deficiente aunque puedo certificar que sería incapaz de aprender  una ingeniería o cualquier otra ciencia del tipo matemático. Así que yo debería decir que soy disminuida psíquica para aprender ingeniería o matemáticas.

¡Es tan relativo eso de la discapacidad! Quizás pensemos que la discapacidad física es más fácil de valorar. Alguien que no puede caminar es inválido porque no puede utilizar las dos piernas para desplazarse. Bueno, yo también me siento discapacitada para correr una maratón por ejemplo, si consigo correr el kilómetro ya sería para mí un récord.

A lo que voy es que todo es relativo. Según los ojos con los que mires los hechos verás que la capacidad puede interpretarse de muchos modos. Hay personas todavía en esta sociedad que apenas tiene cultura, que se defiende escribiendo su nombre y poco más, que sabe las operaciones básicas de matemáticas y ahí se ha quedado. En el aprendizaje de las “cuatro reglas”, lo necesario para desenvolverse en el mundo sin perderse demasiado.

Afortunadamente ya quedan pocas personas en estas circunstancias aunque muchas veces quien se topa con ellas, con su cultura, con un aprendizaje que ha logrado gracias a que se ha considerado obligatoria la enseñanza, que se ha controlado que los niños asistan a sus colegios y que no trabajen como en el pasado. Aún en hoy en día quedan muchas personas que cuentan que han empezado su vida laboral a los trece o  catorce años, de niños que ni siquiera acudían a estudiar porque sus padres no tenían trabajos estables para permanecer en un lugar durante mucho tiempo sino que debían desplazarse con toda la familia allá donde podía conseguir dinero, no para hacerse ricos sino para que los suyos tuviesen un plato de comida en la mesa. Esos niños ¿tenían clases de música, de judo o entrenamiento de fútbol? No. Esos niños procuraban ser felices, y muchas veces la felicidad era conseguir algo de dinero para poder comprar alguna golosina ¿Eran discapacitados? Sí, discapacitados en educación a los que las nuevas tecnologías les vuelven literalmente locos, a veces incluso para descolgar un teléfono móvil.

Debemos ser humildes, siempre ser humildes, nadie está libre de la discapacidad, no solo referente a las enfermedades mentales o accidentes físicos que otorgan el calificativo de “discapacitado”, sino en lo que  a nosotros mismos concierne. Somos discapacitados para demasiados temas, para demasiadas actividades como creernos tan prepotentes de atacar a los que son más débiles. Y es que débiles podemos serlo todos en algún momento de nuestra vida.

Los derechos de las personas es lo que realmente se debe promover y no discriminar, de los discapacitados físicos, mentales o en situaciones de riesgo social. Que sí, todos estos colectivos son más vulnerables aunque a lo que yo voy es que no deberían ser más delicados. Si realmente tuviésemos en cuenta lo que es importante en la vida no tendríamos tantos problemas.

Cuando estamos enfermos ¿quién nos cuida? La familia básicamente, no hay derechos especiales para las personas que tienen una enfermedad común, la baja para que pueda permanecer en su casa y recuperarse ¿Por qué necesitamos redactar tantas leyes a lo que es un derecho solo por haber nacido?.

Nadie es discapacitado y todos somos discapacitados para algo y eso ninguna ley lo va a modificar.

Derechos sí, pero reflexionemos sobre un hecho, si todos nos considerásemos realmente iguales independientemente de nuestras virtudes y nuestros defectos los Días Internacionales de la Incapacidad, de la Enfermedad Mental o de los Derechos de los niños o de los derechos Humanos no serían más que repetir lo obvio.

Seamos personas, respetemos a los demás como a nosotros mismos y a nosotros mismos de manera digna. Nada más que eso, tan fácil, tan complicado.

Rocío Testa Álvarez