TE AMO CON TODO MI SER

Hola, ¿cómo os encontráis hoy? Yo tengo una noticia que dar: estoy  dejando de querer. He descubierto la importantísima diferencia entre querer y amar.

Comúnmente se utilizan ambos términos como si fueran sinónimos, sin embargo no significan lo mismo. Encontramos grafitis de “te quiero” por todos lados, en paredes y muros, dibujados al lado de un corazón traspasado por una flecha que une dos nombres o dos iniciales. Los enamorados se dicen te quiero continuamente como manifestación de su amor.

¿Por qué digo que no es lo mismo amar que querer? Querer es desear controlar al otro, controlar su vida, poseerla y siempre lleva implícito el sentimiento tan negativo que es el miedo. Miedo a perder lo que quieres, miedo a que te rechace, a que te deje. Es dependencia emocional, deseas que te quieran como tú crees que te deben querer. Esto, a más largo o más corto plazo siempre sale mal porque tus miedos siempre acaban cumpliéndose. Y da igual si hablamos de pareja, de hijos o de padres. Todo es lo mismo, todo es amor. Amor o dependencia, dar desinteresadamente sin buscar recibir ( aunque luego recibas) o exigir cariño, es decir, si yo te doy tú debes corresponderme (sea eso lo que el otro sienta que debe darte o no). ¿Dónde se queda aquí la relación que debe existir con el otro?, ¿dónde queda ese crecimiento mutuo tan necesario en toda pareja de dos?

Por eso yo digo que he dejado de querer. Prefiero amar, amar a mi familia sin esperar nada a cambio. Amar y estar feliz tanto si soy correspondida como si no porque el amor fortalece y te hace sentir bien por sí mismo. Si amas serás feliz y te desharás del lastre emocional que supone estar siempre pendiente de que te devuelvan lo que das. Te sentirás tan bien que volverá a ti sin pedirlo, sin exigirlo. Demostrar amor, ver lo positivo en los demás nos llena de satisfacción.

El autismo de mi hijo Quique, como el de muchos más, le impide mostrar sus sentimientos como lo haríamos nosotros. Los besos que aprendió a dar a base de aprendizaje solo los relaciona mínimamente con ese sentimiento de amor. Sus demostraciones de cariño son tan simples como una mirada, una sonrisa o que te coja de la mano. Gestos que son tesoros para mí y que guardo en mi corazón.

¿Y por qué nos castigamos a nosotros mismos? A lo largo de todo un día podemos criticarnos de modo cruel hasta llegar incluso al insulto muchas veces. Lo consideramos normal, lo tenemos tan asumido que no le damos importancia. Solo son palabras. No somos conscientes de que lo que hacemos es autolesionarnos emocionalmente. Y esto me ha hecho ver que las autolesiones de mi hijo significan lo mismo que las palabras en nosotros. A él los desprecios verbales no le dicen nada y por ello cuando se quiere rebelar, cuando se quiere castigar porque no se siente bien o cree que no puede con una situación necesita sentir dolor físico. El dolor físico sí lo entiende. Tiene que ser muy difícil no poder demostrar nuestro estado de ánimo o expresar nuestros sentimientos y necesidades. Cada uno da la respuesta que más le pueda aliviar.

Las autolesiones forman parte de él mismo igual que nuestros auto castigos verbales. Por ello, en vez de seguir esta conducta tan perjudicial debemos buscar la manera de aceptarnos y aceptar nuestra realidad. Por ello, en vez de reñir a mi hijo hasta la extenuación busco la manera de hacerle sentir mejor, con música, con respiraciones, con paciencia y mucho amor (aunque haya veces que solo me salga la voz tajante de “¡No!”, no soy perfecta).

Me he sentido impotente muchas veces por las autolesiones de mi hijo, una desesperación y una angustia que lo único que conseguían era que él se pusiese peor. Ahora me he impuesto dejar de pensar en lo que significa para mí el que él se auto castigue. Deseo ver más allá de sus lesiones físicas y conseguir llegar a su dolor interno, a ese dolor oculto tan difícil de demostrar para él. Ahora busco que sus sonrisas sean más abundantes que sus castigos, su bienestar a su enfado. He asumido que sus golpes son las palabras negativas que su boca no es capaz de expresar y que tantas veces nosotros nos decimos casi automáticamente.

Así te digo mi niño que te Amo, te Amo con mayúsculas, te Amo como las madres sabemos amar, con todo nuestro ser, con todo nuestro corazón.

Un amor desinteresado cuyo único fin es ver que esa personita camina por el sendero de su propia vida. Independiente y dependiente al mismo tiempo. Seguro e inseguro, con sus risas y sus auto castigos.

Mi Amor estará ahí con una caricia, un beso o un solo estar presente a su lado hasta que se sienta mejor. Amor con mayúsculas, sin apego, sin dependencia emocional. Ya no le quiero, solo le Amo.

Aprendamos a amar más y a querer menos, creo firmemente que esto es muy importante.

Gracias por leer mis palabras.

Rocío Testa Álvarez.