Hola de nuevo, muchas gracias a todos los que me siguen.

En esta ocasión quiero reflexionar acerca de un tema que está muy presente en la sociedad actual. Se trata de la violencia, de la violencia contra la mujer pero también de la violencia contra el hombre. Es cierto que a la segunda no la consideran técnicamente violencia de género dado que el hombre tiene unas características físicas que les permitirían evitar ser maltratados.

Al margen de las características físicas tal vez se olviden de algo muy importante con respecto a esa consideración. Y es que, en el fondo es lo mismo, el maltrato no es mayor por ser utilizado contra alguien más débil porque tal vez en donde reside la fortaleza o la debilidad es en la esencia de la persona.

Todos condenan al agresor pero tal vez esto no sea del todo correcto. No juzguen de antemano, el origen de la mayoría de los problemas que los seres humanos tenemos se debe precisamente a nuestra rapidez a la hora de juzgar hechos, opiniones, circunstancias… Absténganse de emitir sentencias.

Hace más de dos décadas yo fui víctima de violencia de género nada más y nada menos que durante veinte años. He  sido ultrajada en todos los sentidos en los que una persona puede serlo y, cuando creía que había aprendido la lección el universo me enseñó que no había captado lo más importante, y es que yo seguía siendo víctima y víctima de mí misma.  Si tuviera que contar el número de veces en los que fui amenazada de muerte no sería capaz de dar un número. Mi vida ciertamente corrió peligro aunque si sigo aquí es porque tengo que ofrecer al mundo mi propio aprendizaje que todavía no ha hecho más que empezar.

Hace muy poco tiempo me di cuenta de que cuando fui maltratada en realidad era yo quien me castigaba a mí misma. Llegar a esta conclusión me ha llevado muchas horas de meditación y de reflexión. ¿Alguien se ha parado a pensar por qué existe un tipo de perfil de maltratado/a y un perfil de maltratador/a? Salvo alguna excepción que confirme la regla esto es así.  La razón de por la que yo quería hacerme daño a mí misma todavía estoy en vías de descubrirlo, lo que sí soy consciente es de que a causa de tanto maltrato mi autoestima ha caído por los suelos junto con la firme creencia de que no tengo casi ni derecho a respirar. También este sentimiento lo tenía oculto dentro de ese gran iceberg que es el inconsciente. Eso sí, si alguien hablaba conmigo no daba esa apariencia porque, como buena psicóloga que soy, sé lo que se debe pensar, lo que se debe decir, lo que se debe aparentar. Lo que luego ocurría en mí a consecuencia de esta negación de mis propios sentimientos eran cosa “mía” y lo que hacían era provocar situaciones que se sucedían en mi vida y se repetían sin ser realmente consciente de que yo misma era la mayor responsable.

Es más, sé que mi papel de víctima se forjó en mi infancia, en aquellos años en los que me gustaba ser “buena niña”, parecía que cuanto más “sufrida” era, más querida. Así que si me hacía daño me quejaba lo menos que podía y me enorgullecía que me dijeran justo eso, qué buena y qué sufrida.  Ser víctima entonces era algo bueno, cuanto más víctima más cariño. El inconsciente no juzga, solo reacciona a los recuerdos.

Según fui creciendo este perfil de maltratada fue consolidándose lo cual provocó, como ya apunté, que en mi vida me encontrase con las situaciones y las personas ideales que me daban lo que yo sentía que merecía para que me quisiesen. ¿Triste? Bueno, realmente sí. Sin embargo he  descubierto este engaño  de mi mente. No quiero seguir siendo víctima, no necesito ser víctima. Y ahora pueden pensar si realmente el maltratador no fue manipulado, un poco al menos, por esa mi necesidad de permanecer en el victimismo, era casi como decir: pégame, sé que me lo merezco. Sólo es maltratado/a quien lo permite. Es duro, duele y es la realidad.

Así que me he dado cuenta de que si en el pasado obtuve algún tipo de recompensa por este victimismo eso ya no me sirve, quiero explotar lo que le quede a este cuerpo en el que respiro cada día, quiero amar este cuerpo que tanto me ha dado y darle el cariño que necesita, que le he negado y que merece.

Lo peor que me han llegado a decir fue que mi hijo era autista por mi culpa y esto que tanto me dolió en su momento resulta que en cierto modo era verdad. Muy inconscientemente el autismo de mi hijo me salvaba de que, a mis ojos, él descubriera que su madre necesitaba ser castigada para que la quisiesen. El que el niño no hablase me salvaba de que delatara la situación en la que me encontraba. Que enseñase mi vergüenza de querer seguir soportando todo tipo de insultos o golpes. Sé que muchos dicen que las personas maltratadas no somos conscientes del daño que nos producen, yo lo dudo, no me lo creo. Yo lo sabía, yo era consciente. Es más, a veces era como si necesitase que las agresiones fuesen más fuertes, tanto como para poder quejarme, para poder decir: ¿veis?, soy víctima, dadme cariño, compadecedme, protegedme.

No quiero decir que yo haya provocado el autismo de mi hijo, pero sí que pude evitarlo. Solo con que con el primer insulto, la primera falta de respeto yo hubiese terminado la relación, todo hubiera sido diferente. Tal vez hubiese tenido un hijo con otra persona y tal vez hubiese nacido con autismo aunque realmente lo dudo mucho. Solo digo que en mi caso me vino “bien” acentuando además mi papel de víctima. Adoro a mi hijo, fue mi mayor maestro y sigue siéndolo aunque me hubiese gustado haber descubierto antes mi problema para que al menos no tuviese sospecha acerca de que si mis circunstancias hubiesen sido diferentes tal vez él hubiese nacido sin ningún problema.

Mi reflexión es que no es tan sencillo saber quién es el culpable de una situación, y lo que más odiamos de la persona que tenemos en frente suele ser el reflejo de aquello que escondemos en nosotros mismos. Debemos pensar más en nosotros, en nuestro lado oscuro y dejar de juzgar a los demás. Ya lo dijo Jesús “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra”. A partir de esta reflexión es cuando podemos perdonar de verdad, perdonar porque tu problema y el problema del otro no son tan diferentes, perdonar no porque seas “buena persona” sino porque los beneficios que obtendrás serán tan gratificantes que incluso dudarás de la razón de por qué no te has dado cuenta antes. No tengo enemigos, no los necesito, ya me he castigado lo suficiente.

Rocío Testa Álvarez