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Sonríe, es gratis, es sencillo y te hará sentirte algo mejor aunque te cueste creerlo.

A veces sucede que nos sentimos impotentes con nuestros hijos, totalmente hundidos. Las fuerzas parecen querer escaparse de nuestras manos como el mismo agua. Agradeces de corazón las palabras de ánimo de tus amigos y familiares que algo saben de tu situación. Agradeces a pesar de que te cuesta levantar el alma cuando, todavía noche oscura, te despiertas. Es más, temes que quien abra sus ojos sea tu hijo. Cuando duerme parece tan relajado, tan tranquilo, tanto…. y te parece imposible que cuando vuelva a la vigilia de nuevo surjan la pena y la angustia en su rostro ¡Crees que podría ser tan feliz! ¡Y es que se lo merece!

Por eso sí, tal vez te gustaría verle soñar, verle así tranquilo, tan guapo como siempre. Podrás prepararte para cuando le oigas revolverse mientras vuelve a la consciencia poco a poco. Entonces te pondrás alerta y analizarás su cara para adivinar cómo va a transcurrir este nuevo día.

Se trata de esa difícil etapa que muchos chicos con T.E.A. pasan cuando dejan de ser niños, cuando la sociedad empieza a considerarles, mirarles y tratarles como adultos. Adultos quizás, aunque sus cabecitas están muy llenas de lagunas. Me estoy refiriendo a aquellos chicos cuya suerte o no tan buena suerte les ha otorgado más capacidad que a los autistas clásicos, los autistas de “libro” que apenas dicen palabras sueltas o ninguna y cuya capacidad cognitiva les salva de tener que plantearse las tres grandes preguntas: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿A dónde voy? Más mansos, los mayores dilemas que les aqueja están relacionados con sus cuidados y con las exigencias que provienen del exterior.

Éstos, sin embargo, son más despiertos, más conscientes de su realidad. Las tres grandes preguntas se les atragantan en todo el cuerpo provocando estados de ánimo depresivos, maniáticos y tremendamente exigentes consigo mismos y con quienes les rodean. Son sufridores de su destino. Saben que no son como los autistas clásicos, saben que no son “normales”, entonces ¿qué son exactamente? ¿para qué sirven? ¿para qué han venido a este mundo? ¿cómo encontrar algo que realmente les llene y les motive sin cansarles? Lo más importante que no son capaces de ver es que deben salir de sí mismos para sentir lo que ahora les hace ciegos.

En estas circunstancias los padres se encuentran en una encrucijada donde cualquier respuesta o posible solución que ofrecen parece ser insuficiente o inadecuada. Y sienten en su impotencia que ya nunca más podrán hallar su camino hacia la paz y la felicidad, ya no de su hijo sino de ellos mismos.

¿Qué puedo deciros? Que aguantéis el tirón sacando en este desierto emocional agua fresca de debajo de las piedras. Que estrujéis cada segundo de felicidad, que aprovechéis cada micro oportunidad que se os presente delante de vuestros ojos, que os cuidéis mucho y si tenéis que ser “egoístas” en determinados momentos, no lo dudéis, sedlo. Vosotros sois los que lleváis el timón, sois los encargados de que el barco no encaye ni se hunda.

La tormenta, creedme, pasará y de nuevo lucirá el sol. Entonces podréis decir con orgullo “lo hemos conseguido” y lo hemos hecho juntos. No solo eso, sino que estaréis en condiciones de ayudar a otras familias que empiezan ese duro trago.

Vuestro hijo hallará su objetivo de vida seguro de que siempre tendrá al lado a su padre y a su madre para escucharle y apoyarle, incluso, cuando lo permitía, recibir algún sabio consejo. Así que imaginaos hoy que ese momento puede ser el próximo amanecer, ese día en el que te despertaste algo más pronto que él y te lo imaginaste abriendo los ojos mientras decía que por fín se encontraba mejor.

Además, como por lo general sois precisamente vosotros, sus padres, quienes descubrís ese talento escondido, ese don, esa labor para la que han nacido. Por todo ello os pido que no abandonéis ni os abandonéis, que os cuidéis mucho, que os respetéis a vosotros mismos y vuestro necesario espacio vital, indispensable para regenerar vuestra energía y mantener sano vuestro estado interno.

Y por favor, no cometáis el grandísimo error de sentiros culpables por la situación, ni por la creencia de que siempre podéis hacer algo más, algún sacrificio más… no, es un engaño de vuestra mente, no seáis tan rígidos y perfeccionistas. Sois seres humanos dispuestos a darlo todo por vuestro descendiente pero aún así, sois personas con sentimientos que necesitan ser cuidados y mimados también.

Buscad los oídos de esas personas que están cerca, que os entienden y pueden suponer la diferencia entre la desesperación y la preocupación. Somos seres sociales, aislarse y tragar los sinsabores de esta situación solo servirá para que un problema que se presenta como difícil se transforme en un muro enorme de insalvable tormento.

¡Todos juntos nada es imposible!

Rocío Testa Álvarez